El homo sapiens sapiens ha evolucionado hacia el homo politicus.
El poder organiza su propia visión del mundo, modificando así la realidad social en la que vive junto a sus pares. La relación que establece con los demás animales, miembros de la naturaleza, podría emparentarse a la relación que establece políticamente con los miembros de su misma especie. Los humanos organizan políticamente su convivencia y lo han hecho también en relación con el resto de los animales de la naturaleza. Este ensayo propone el hallazgo (acaso original) de una similitud entre relaciones de especies animales humanas y no humanas, y anima la búsqueda de otras analogías para la relación humano—reino mineral, vegetal u otros.
Durante la revolución francesa los miembros de la burguesía dividieron las sillas de los juicios a los simpatizantes del antiguo régimen en tres partes. A la izquierda a los más revolucionarios que querían aniquilar a los enemigos de la revolción, a la derecha a los más conservadores y garantistas, en tanto que en el centro se ubicaban los dialoguistas quienes articulaban ambas posturas.
En la actualidad, el ser humano ha dividido las sillas del público juez en el mundo animal. A la izquierda los animales silvestres, aquellos que aún gozan de una suerte de libertad salvaje que los condena a la violencia del holocausto animal, con la destrucción de sus hábitat, la eliminación de sus fuentes de alimento, la caza indiscrimanada en los oceanos y en los bosques bajo la norma ética de alimentar a la humanidad. Por otra parte, la derecha. Esos animales de compañía, salvajes cazadores devenidos en mascotas, sin altivez ni orgullo propio por sí mismos ni por la especie, gatos mimosos y perros adiestrados, peces que dan vuelta sobre sí mismos y palomas que ayudaron con mensajes y ahora viven de migajas. De ese lado quienes no son capaces de enfrentar la dominación y reproducen el status quo. En el centro, los animales no domesticados que viven demaisado cerca del hmumano sin atacarlo, las inteligentes ratas, las indestructibles cucarachas, algunas lentas babosas y decididos caracoles.
Aunque el cerebro de los demás animales todavía no sea capaz de concebir una división internacional política de sus vidas, seguirán creyendo que la realidad es una predestinación que el dios humano ha impuesto y no estarán equivocados. El mito explica el mundo antes que el logos, lo cual implica que aunque sea menos específico para decribir la realidad no incumbe en faltar a la verdad.
El homo politicus es un virus que ha impregnado la realidad de su enfermedad de poder.