Quizás nunca me gustó leer.
Solamente que era chico,
leía libros a la noche antes de dormir
y escuchaba la máquina de coser,
papá incansable en su taller,
cosiendo, cortando, pegando,
haciendo un arte silencioso,
que traía a la mesa un plato
a veces de fideos, a veces de polenta,
pero nunca faltaba el plato
arriba de la mesa.
Quizás nunca me gustó leer,
pero cuando yo leía y papá trabajaba,
yo me sentía seguro, era chico,
y el mundo dependía de papá.
Y papá incansable en su taller,
cosiendo, cortando, pegando,
haciendo un arte silencioso,
que traía a la mesa un plato
a veces de fideos, a veces de polenta,
pero nunca faltaba el plato
arriba de la mesa.