El miedo es un alto espectro de saco y de sombrero
que vive dentro nuestro y nos susurra novedades,
amenaza con caérsenos encima, se preocupa
de cosas inefables, de futuros imperfectos,
del trágico sentido de la vida que es ninguno.
Y entre todos lo albores y desdichas vienes
caminando a paso firme, segura de vos misma,
haciéndome creer que los miedos se derrotan,
que los mimos todo curan, que los sueños
no son solamente sueños y que la vida
era todo aquello que alguna vez nos propusimos.
Me indigna tu curiosa picardía, tus ojos
tan risueños, tu blanca y dulce risa,
la condescendencia de todas tus palabras
que solamente son caricias.
Y que un alto espectro de saco y de sombrero,
me susurra que son un abandono,
el dolor premonitorio de la huida,
las veces que ya nunca me quisieron,
las puertas cerradas que no abrimos,
la respiración ahogada al borde de la cama,
el asma que los médicos dijeron incurable,
y que las noches tormentosas confirmaron.
Me duele escribir desde el martirio,
hacer versos marchitados que carecen
de toda la parafernalia de la literatura,
de todas esas métricas, de todo ese número
que montan, a lo largo de la historia, los escribas
con sus largos sacos y sombreros,
con sus miedos a cuestas susurrándoles al oído
que nunca escriban poemas marchitados
que solamente hagan basura inmarcesible.