Arthur, amigo, francés y poeta
Tus ojos claman tu falta, tu deseo,
toda tu fantasia, tus anhelos.
Dejaste de escribir al punto mismo
en que comenzaste a vivir la vida.
¿Seremos todos presa fácil
del infortunio del aprendizaje?
Ese que socava el espíritu
y lo convierte en fastidio.
Ese que abandona lo que fuimos
y nos priva de la poética,
Del exacto clamor que nace
en plena madrugada y nos arroja,
como a un barco en la tormenta,
a la tinta, a la imprenta, a las letras.
Arthur querido, ojos aristocráticos,
piel de angel y oficio de juglar,
rapsoda de blasfemias,
adalid del lenguaje del amor,
que viste a Eros en toda su riqueza
y viste a Ágape en todo su esplendor.
Arthur, colega, amigo.
Tu vida, un frenesí sin tregua,
una revolución, una guerra, una pasión.
Ilumina mi poesía
con tu juventud eterna,
dame la respuesta,
responde por favor,
a través de un puente,
a través del Arte,
si algún día he de dejar
de escribir poemas
como lo dejaste en tu eterna travesía
en tu aventura,
esa que derramó tu vida,
como un barco a la deriva,
en el infinito azur del mar.
Arthur, te invoco, Sire Rimbaud,
exclama a través mío si algún día
he dejar, como dejaste tú la pluma,
en busca de algo más.