No estás y en esta casa
ya nadie toma café.
El gato insiste,
sabe que es el centro de atención.
Las horas no pasan,
todas son esa misma hora
en la que no estás.
Escribir se convierte
en un salvavidas
en un intento desesperado
por ir a buscarte
como el primer día
en el que te escribí
y en el que tampoco estabas.
Pensé que te quedarías para siempre.
Pienso que te quedarás para siempre.
Me niego a ser realista
cuando se trata de nosotros.
Quiero soñarte toda la vida
y si acaso ese sueño
se extiende lo suficiente,
entonces podría soñar
con una vida con vos,
una vida que merece ser vivida
una vida con café en la casa.
una vida con el gato
sin ser el centro de atención
y con las horas del reloj contando
todas las veces
que te veo sonreír
y todas las veces
en que te digo que te amo.