De tristeza, de locura, somnolencia.
Símbolos de la decadencia,
de mi infortunio, martirio,
dolencia aguda que me carcome,
se hace carne profunda en el pecho.
No consigo llorar, es todo desesperación.
No hay consuelo porque no hay ira.
Hay desdén, misterio, desorden, duelo.
Un laberinto circular hacia mi oscuridad.
Estoy borracho de angustia,
aturdido de malos recuerdos
y en todos soy culpable.
No tengo redención, ni siquiera
con mi propio cuerpo,
todo transcurre demasiado lento
y cargo una cruz que no pesa,
pero me condena a una fragilidad inerte.
El pecho es un vacío repleto de nada.
La noche es interminable,
el día no puede redimirme.
La resaca será todavía peor.