¿Cómo decirlo?
Sin caer en metafísica, sin balbucear estupideces. Cómo hablar de mí sin entrar en caracterizaciones vanas. Estas mismas que aparecen antes que la autocrítica. Cómo decir aquello que podría conmoverme. Cómo explicar aquello que tengo miedo de cambiar. Cómo enfrentar verdaderamente esos cambios cuando parece que ya lo di todo. Se me exigió enfrentarme a un mundo desconocido y lo hice. Se me exigió empezar de nuevo y lo hice. Cuanto más tengo que cambiar. Cuanto más de mi tengo que dejar atrás. Cuanto más tengo que abandonarme para avanzar. Y avanzar y avanzar y avanzar. Esa eterna promesa que solo nos acerca a la muerta y nos quita todo. Lo que nunca fuimos. Cuanto más tengo que autoconocerme. Cuanto más tengo que insistir en que soy un error para dejar de repetirlos. Estoy totalmente abandonado desde que nací. No hay quien venga a buscarme en navidad. Soy un vagabundo. Soy un don nadie al que todos le parece simpático. De buena charla y apretón de manos. Soy una sombra de la sociedad que nadie va a llorar más de dos días. Bah, si es que me lloran. Soy el número de mi puerta. Soy ninguna puerta. Soy apenas quién empuja el picaporte para ver la luz del sol.